… seguimos con nuestra cuentacuentos…
También se levantaron algunos de los padres que había allí y se llevaron a sus hijos mirando a Nara con preocupación. “Se estará haciendo tarde” pensó Nara, y continúo con la historia…
… Los enanos no tardaron en instalarse en las montañas, a las que bautizaron como Duarhonss, que en su idioma significa El hogar de los enanos. Allí construyeron la primera ciudad que vio Karia, que no conocía otra organización que la que había vivido con los dioses en la Nada.
Los imponentes edificios fueron tallados en la misma roca y las estancias excavadas en las profundidades de las montañas. Los enanos trabajaban rápida y eficazmente en todo lo que hacían y construían, desde luego parecía que habían nacido para ello, de hecho, así era.
Las excavaciones recorrieron las montañas de lado a lado, creando una enreversada red de túneles que comunicaban las ciudades que se iban construyendo a medida que la primera se quedaba pequeña para la creciente población de los hijos de Karia. A los dos lados de la montaña se crearon balcones en la piedra, con ventanales que permitían observar el horizonte por el Norte y por el Sur.
Karia los observó durante largo tiempo en su quehacer, le gustaba ver que sus hijos hijos trabajaban y lo daban todo por dar vida a su hermano, a Ikaria. Cuando estaban terminando los últimos balcones se levantó de la explanada del Norte y se acercó a sus hijos para hablarles de cerca:
-Hijos míos -dijo con su melodiosa voz, que todos pudieron oír, girándose los que no la miraban fijamente para escuchar lo que tenía que decirles -He podido comprobar que sabeís lo que teneís que hacer y que, además, lo haceis como artesanos que sois de la tierra. He decidido marcharme y dejaros con Ikaria para que termineís vuestra tarea. El día de mi regreso lo determinareís vosotros mismos, cuando vuestro hermano esté completo y sonriente volveré a reunirme con vosotros y con las criaturas que hayaís creado.
La tristeza inundó los corazones de todos los enanos mientras agitaban sus manos para despedir a su madre, que se alzaba en los cielos cubriéndolos con su delicada sombra, tal era el tamaño de ésta y durante tánto tiempo ocultó al sol que la roca llegó a enfriarse bajo los entristecidos enanos, que lloraban y derramaban lágrimas. Lágrimas que recorrián sus mejillas y caían al suelo… cambiándo su color.
Ninguno lo advirtió hasta el día siguiente de la marcha de Karia. Cuando todos despertaron, descubrieron que el sol reflejaba con mas intensidad en algunos puntos de las rocas. Cuando se acercaron vieron que ésta había cambiado de color, ahora era completamente negra. Intentaron arrancarla y no pudieron. Lo intentaron con los instrumentos que habían creado, martillos, hachas, picos y no pudieron. Rendidos, se retiraron para seguir con la construcción de los últimos bastiones.
Sin embargo, un pequeño enano, jugaba junto a su padre con gravilla, gravilla negra… y en uno de sus juegos la gravilla salió disparada y golpeó uno de los extraños puntos negros partiéndolo por la mitad. El padre del pequeño se acercó corriendo y observó que era el mismo material que la extraña roca.
Con su hijo en un hombro y una bolsa de gravilla corrió hacia la plaza de la ciudad más cercana gritando a sus camaradas:
-¡Amigos! Lo tengo, ¡la irrompible solo se rompe con ella misma!
Y todos dejaron lo que estaban haciendo para acercarse rápidamente hacia él. La dureza de esa piedra era tal que pudieron hasta partir un martillo arrojando la bolsa sobre él. Todos estuvieron de acuerdo cuando la bautizaron: Mithrill, que significa La irrompible. Así comenzaron a fabricar sus objetos con el nuevo material, que hacía de cualquier tarea un paseo por la montaña y reducía su cansancio.
Así, gracias al Mithrill, los enanos terminaron de instalarse en las montañas solo 400 años después de haber nacido, sin si quiera haber muerto todavía la primera generación de su raza, a la que todavía quedaba bastante por delante.
La tarde en que terminaron, los enanos se acercaron a los grandes ventanales y miraron al cielo.-Ya hemos terminado Karia. Pensaron todos, pero su madre no apareció en el cielo de nuevo. Tristes, agacharon la cabeza hacia la gran explanada que tenían delante, una en el Norte y otra en el Sur. Entonces todos volvieron a pensar lo mismo: Queda mucho por hacer… Y se pusieron a trabajar.
